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ALBERTO GHIRALDO

mientras el peñón espera, este ser miserable se siente más grande, se siente más fuerte, se siente más hombre!

Y entonces pienso en los vagabundos de la tierra, pienso en los párias del mundo, pienso en todas las miserias, pienso en todas las desgracias, pienso en todos los dolores, pienso en todas las tristezas; y al verte soberbio, amenazante, levantarte airado, creo que eres tú el vengador que corre rápido á barrer la tierra para lavar sus llagas.

¿Qué alma grande no te admira? ¿Qué lira no te ha cantado? ¿Qué poder tú no has vencido? ¡Oh, mar eterno, mar de siempre!

II

Es la hora del silencio. Es la hora del recogimiento. Es la hora de la soledad. Es la hora en que se elevan en la sombra esas voces misteriosas que contes-