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Soneto Décimo
Alma del Tiempo, espada del Olvido.
(GONGORA, Soneto XXII)
VULCANO, forjador de los luceros,
hizo tu yelmo: un rayo su martillo.
Opaco el sol tornóse ante su brillo
y avergonzados fueron sus flecheros.
Fuiste con los andantes caballeros
por los caminos donde canta el grillo,
donde las lunas huelen a tomillo
y perfuman de amor los timoneros.
Salieron las palabras en la noche,
sus lanzas esgrimiendo de gigantes,
para segar tu acento estremecido.
Y tú, de valentía en un derroche,
sus durezas venciste de diamantes,
alma del Tiempo, espada del Olvido.