Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/206

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
—126—

prohibido del pájaro rok, y mas de un siglo despues del descubrimiento de América, el virrey de Méjico, duque de Arion, creia que en la parte desconocida del nuevo mundo anidaban águilas con dos cabezas.[1]

 ¡Cómo es posible que el pueblo y los marineros hubieran escapado al error general! Ir á la mar Tenebrosa era ni mas ni menos que exponerse á ser consumido por los rayos del Sol, engolfarse en las tinieblas del caos, abrirse un ancho sepulcro en las simas del negro Océano. Y los intrépidos marinos que habian frecuentado el puerto de Lisboa o las Canarias y Azores; aunque despreciaban algo estos temores, no por eso estaban menos convencidos de la imposibilidad de penetrar por la mar Tenebrosa, el Bahr-al-Talmet de los árabes.

 Iba deslizándose el tiempo y no obstante la real orden y la protesta de obediencia de parte de las autoridades, no se habia aprestado ninguna carabela. El muelle permanecia desierto, y todos los navieros procuraban esconder sus buques en los ancones apartados, ó los enviaban á otros puertos para escapar del embargo. Informada la reina del caso, (20 de Junio) despachó á Palos á un guardia llamado Juan de Peñasola; hombre dotado de enerjia, con poderes para imponer una multa de doscientos maravedis por cada dia de tardanza á los que rehusaran obedecer su mandato, y al mismo tiempo para tomar en las costas de Andalucia los bajeles y pilotos que le parecieran adecuados al nuevo servicio.

 ¡Cuán grande no fué el desconsuelo para propietarios y marineros! A las súplicas seguian los ruegos y las promesas, y á las promesas y ruegos los altercados y disputas sin que medrara el armamento, hasta que Peñasola mandó apresar la Pinta, carabela muy velera, y de la propiedad de dos vecinos del pueblo, Gomez Rascon y Cristóbal Quintero. Tuviéronse estos por perdi-

  1. Solorzano y Pereyra. Política indiana, lib. I. cap. VI. § 31. Anotaciones de don Francisco Ramiro de Valenzuela relator del Supremo Consejo de Indias.