Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/239

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Sevilla en la primavera, y la brisa impelia las carabelas, que regateaban para adelantarse unas á otras, y divisar la tierra para ganar la renta anual de diez mil maravedis, prometida por la reyna al que la señalara primero. Martin Alonso, cuyo barco era mas velero, las dejó por la popa bien pronto, y se encaminó á poniente, porque habia visto volar gran cantidad de aves en aquella dirección, y aseguró al comandante que, gobernando al Norte, daria con la tierra á quince leguas; mas sin embargo de apoyarlo toda la tripulación, no consintió este en variar el rumbo. Tal firmeza de carácter pareció una presuntuosa terquedad á los marineros, ya inquietos de un viaje tan largo, y que por esta causa acariciaban la idea emitida por su compatriota Pinzon. Un sordo descontento comenzó á trabajar entónces á su jente en contra suya.


V.


 El 19 de Setiembre, se levantaron brumas sin viento, lo cual fué para Colon una señal segura de la proximidad de las islas; pero no quiso bordear para buscarlas, en razón á que su objeto era llegar en derechura á las Indias, y se contentó con escribir en su Diario: "El tiempo es bueno, y placiendo á Dios á la vuelta se verá todo." [1] En el dia siguiente hubo alternativas de calma y brisa lijera y suave, hasta que al fin acreció algun

  1. Miércoles 19 de Setiembre.