Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/358

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y logró sin gran dificultad alcanzar los vientos alisios. Es cierto que sufrió tiempos horrorosos; pero aquellas terribles perturbaciones atmosféricas fueron de todo punto escepcionales. Despues de haber tomado el camino mas propio para sus descubiertas carabelas, una estraña casualidad lo apartó de peligros, de que él no podia tener noticia, y así, la fúria de los elementos puso de manifiesto una vez mas la proteccion que le dispensaba el altísimo. De otra manera no se concibe cómo un casco tan pequeño y quebrantado como el de la Niña pudiera conservarse. Tanto es esto asi, que los habitantes de Santa Maria en las Azores, y los de Cascáes y Lisboa quedaron atónitos de que la frájil y averiada nave hubiese resistido á la violencia de semejantes tormentas.

 "Tales fueron, dice Washington Irving, las dificultades y peligros que tuvo que vencer á su vuelta á Europa: si una décima parte de ellos le hubieran disputado el viaje de ida, sus tímidas y facciosas tripulaciones se habrian opuesto con armas á la empresa, y nunca hubiera sido descubierto el nuevo mundo."

 Aquella previsora y afanosa casualidad, á que tanto debia, procuró que en la primera espedicion los obstáculos no fueron insuperables, y opuso siempre á las mas graves dificultades, coincidencias propicias. Cuando se observa el carácter insolente de los oficiales compañeros de Colon, y el abandono en que lo dejaron sus marineros, despues de varado su buque, se comprende lo que habria sobrevenido si la bravura de la mar Tenebrosa hubiera juntado sus peligros á los fantasmas de sus pavorosas imajinaciones.

 Felizmente la casualidad que precedía sus pasos, era el ánjel de su guarda y lo guiaba y advertía con incansable solicitud.

 Esa casualidad que le dá viento ó marejada cada vez que así le conviene; que le aplaca las iras de los suyos, y le conserva su autoridad en el momento mas crítico; por la cual, sin poseer indicio alguno visible, predice el dia