Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/359

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del descubrimiento, y designa en Octubre su llegada en Abril al lado de los reyes; que lo proteje contra las asechanzas de la envidia, del ódio, de la corte portuguesa, y del furor de los elementos, y le prepara un triunfo al lado de su enemigo, es una casualidad tan intelijente y fuerte, y se asemeja tanto á la providencia, que, cualquiera que sea su nombre, nos parece un prodijio tan milagroso como el milagro mas patente.

 Desde el primer dia, cuanto hubo de maravilloso en medio de la exactitud del sistema cosmográfico de Colon, se apreció en su justo valor en la capital del mundo cristiano, que comprendió por instinto el carácter sobrenatural de su mision, siendo esta glorificacion del almirante una prueba irrecusable de la infalibilidad de la Iglesia.

 Vamos á ocuparnos ahora de un hecho que, por la primera vez se hallará espuesto con verdad, y al cual los historiadores de Colon no han dado nunca importancia; hecho sin embargo, no menos interesante que ignorado, no menos ignorado que auténtico, no menos auténtico que edificante, y no menos edificante que demostrativo de la autoridad sobrenatural que Jesu-Cristo ha trasmitido á su Iglesia.



V.



 El 25 de Julio precedente, cuando ante los atemorizados paleños se preparaba Cristóbal Colon á franquear el Atlántico, su ilustre compatriota Inocencio VIII se disponia á dar cuenta á Dios del gobierno de su Iglesia.

 Entró á sucederle Alejandro VI, uno de los pontífices mas indignos de que, sin duda, hace mención la historia: no obstante; es preciso decir en honor de la ver-