Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/476

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Cada habitante de los distritos de Cibao y de la Ve- ga, de más de catorce años de edad, debería pagar, cada tres meses, al administrador de la real hacienda, una cantidad de oro en polvo ó grano que pudiera caber en un cascabel de alcón. Solo el tuerto Manicatex estaba además obligado a pagar, cada tres meses, media calabaza llena de oro, lo que equivalía a unos ciento cincuenta escudos. En las provincias que no poseían minas auríferas, el tributo consistía en cien libras de algodón al año, por individuo. Guarionex, rey de la Vega, ofreció pagar el impuesto en cereales en vez de oro, pretestando que sus vasallos no sabían cogerlo en los ríos de sus estados; pero Colón desestimó la propuesta y mantuvo el tributo en oro.

Algunos historiadores han tildado de rigorosa, de im- prudente y de avara la medida de Colon. Las Casas, como ardiente defensor de los indios, no podia dejar de levantarse y clamar contra el primer impuesto que ha- yan tenido que soportar, y llama la atención sobre las ventajas de la oferta de Guarionex que iba á cultivar una llanura fértil de cincuenta y cinco leguas de estén - sion y que con una cosecha hubiera podido proveer á Castilla para diez años. Pero no era trigo lo que necesi- taba Castilla, el rey Fernando pedia oro y no cereales, y el pretesto dado por Guarionex no era admisible, ni aun en nuestros tiempos hubiera satisfecho á ningún jefe de administración. El almirante se veia obligado á pedir oro. El historió- grafo real Herrera comprendió perfectamente las difi- cultades y embarazos de su situación. '^Como Colon, di- ce, era estranjero, estaba solo y poco protejido por los ministros de los reyes católicos, sabia perfectamente que lo que debia conservar de preferencia eran las rique- zas, y así hacia mas caso del oro que de ninguna otra cosa. Por lo demás, se portaba como verdadero y buen cristiano y temeroso de Dios, de suerte que rebajó los