Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/521

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desgracia, principalmente confiando tan atrevidos proyectos á manos estranjeras, quedó desprestijiado en la opinión publica el solo nombre de colonia en aquellas apartadas rejiones.

 Estos ecos de la opinión llegaron de todas direcciones, hasta de muy lejos, á oidos del virey, el cual, temeroso de que bajo su influencia no quisieran SS. A A., proseguir, y renunciaran á la proyectada espedicion, manifestó á la reyna su inquietud, quien le respondió con "aquella grandeza de alma que todos le reconocian." Isabel, firme en su fe en Colon, en su deseo de acrecentar la ciencia, de glorificar al redentor divino, de atraer al Evanjelio á los pueblos idólatras, dijo al almirante "que no hiciese alto en semejantes hablillas porque su voluntad era continuar lo comenzado y sostenerlo, aun cuando no se sacara de ello mas producto que lajas y pedernales; que ella no se paraba en lo de gastar, pues daba por bien empleado lo ya invertido y lo por invertir puesto que creia que nuestra fe se dilatarla y que se abrirían mas anchos horizontes á sus reynos; y ademas, que los que denigraban las espediciones no eran amantes de su corona."[1]

 Pero por lo pronto, como el tesoro solo existia en nombre, la flota estaba ausente y no habia buques, ni tripulantes, ni municiones[2] de que disponer, fué forzoso esperar á que el tiempo proveyera.

 La venida de la princesa doña Margarita quedó durante largo plazo en la incertidumbre, porque, á pesar de que se sabia que al cabo de un penosísimo viaje habia llegado felizmente á Middelbourg la infanta doña Juana, por espacio de muchos meses vientos contrarios detuvieron á la escuadra española en los puertos flamencos, donde los efectos del clima enjendraban dolen-

  1. Cristóbal Colon. Relación á los reyes católicos sobre el tercer viaje del almirante. Colección de Navarrete, t. I.
  2. "No habia naves, ni gente de mar, ni dinero de que echar mano." — Muñoz. Historia del nuevo mundo, lib. IV. § 3.