y en gran parte y sin fuerzas para abarcarlas y defenderlas, estaban a merced de la envidia, la codicia la ambición de otras naciones europeas. Aconteció, pues, que estas fueron sucesivamente tomando porciones más o menos grandes del Nuevo Mundo, no sólo de las no descubiertas todavía por España, sino de las que ya lo habían sido y aun colonizado.
En el repartimiento del Nuevo Mundo, es Inglaterra la primera nación que se se presenta. Si su rey Enrique VII hubiera aceptado en tiempo oportuno las propuestas que le hizo Colón, habríale cabido la gloria de que se hubiese hecho bajo su reinado aquel descubrimiento; más luego que vió el engrandecimiento de España con las inmensas regiones que acababa de adquirir, apresuróse a reparar la falta que había cometido.
Hallábase establecido en Inglaterra un veneciano llamado Juan Caboto, y dícese que armando una expedición a su costa o a la del monarca inglés lanzóse al mar desde el puerto de Bristol con rumbo al poniente; y llegando muy al septentrión de la América, descubrió el 24 de Junio, día de San Juan Bautista, una isla a la que puso este nombre. No es punto muy claro en la historia si este descubrimiento se efectuó en 1494 o 1495; pero, sea como fuere, lo cierto es que en este último año Enrique VII dió carta patente a Juan Caboto y a sus tres hijos Luis, Esteban y Sancio, para que pudiesen