zales de edad de quince á diez y ocho ó veinte años, é hacerse han en esta isla á nuestras costumbres é ponerse han en pueblos donde estaran casados con sus mujeres, sobrellevarse ha el trabajo de los indios, sacarse ha infinito oro. Es tierra esta la mejor que hay en el mundo para los negros, para las mujeres, para los hombres viejos, que por grande maravilla se vé cuando uno de este género muere[1]". Al pedir Zuazo que introdujesen muchos negros en la Española añadió: "Es vano el temor de que negros puedan alzarse: viudas hay en las islas de Portugal muy sosegadas con ochocientos esclavos: todo está en como son gobernados. Yo hallé al venir algunos negros ladinos, otros huidos á monte: azoté á unos, corté las orejas á otros; y ya no ha venido más queja". Esta última pena era muy arbitraria, y su aplicación prueba que Zuazo miraba a los negros con poca humanidad. Vivía además muy engañado acerca de los peligros que ocasionaban los negros, pues los alzamientos de éstos en la Española bien pronto demostraron la falsa confianza de aquel empleado. Las indicaciones de los PP. Gerónimos y de Zuazo acerca del modo de importar negros no fueron perdidas, porque negociantes de Andalucía, naturales o naturalizados en ella, empezaron a salir de España para Africa: en ésta tomaban negros, llevábanlos al Nuevo Mundo, y después
- ↑ Muñoz, Chec. etc.