do en compañía de los españoles que iban al Cuzco. La colonización de los países del Nuevo Continente dió rudo golpe a la prosperidad de las cuatro grandes antillas. Exaltada la imaginación de sus habitantes con el descubrimiento de las ricas minas que aquel enserraba, corrían en pos de ellas, abandonado sus hogares. Los centros principales adonde acudían eran Nueva España y el Perú. Empezó a menguar tanto la población blanca de la Española, que el Rey, para fomentarla, mandó desde 1525, que a todas las familias de Castilla que quisiesen ir a vivir en la ciudad de la Concepción de la Vega, además del pasaje franco, se les diese licencia para llevar seis esclavos negros[1]. Como la Española seguía despoblándose, no sólo por la muerte de los indios, sino porque los castellanos se iban al continente, algunos vecinos principales de ella presentaron al Rey en 1527 un proyecto de Población; y una de las medidas que propusieron, fué que a cada uno de aquellos se les dejase introducir cien negros y cien negras[2]. Las desgracias de la isla de Cuba, que ya tenía dos mil vecinos, comenzaron en 1526 con el incendio de la ciudad de Santiago. Juzgándose necesaria su reedificación, el Rey ayudó con diversos medios a las iglesias y a los vecinos; por
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