No estaba Puerto Rico en menos deplorable estado, y su capital dijo al Emperador en 5 de Julio de aquel año: "Desta se han ido muchos vecinos con sus esclavos á Perú y Nueva España; por eso hay gran falta de negros. Suplicamos que para sacarse oro y plata de minas, se dé licencia general á los vecinos que los puedan traer con sólo pagar al Tesorero por cada pieza al descargarlas seis ducados." El Gobierno accedió a esta petición. Por Real Cédula de Madrid de 14 de Agosto de 1540, dióse licencia a Hernán Gorjon para enviar a la Española ciento cincuenta esclavos de Portugal, Guinea o Cabo Verde, libres de todos derechos, los cuales debían trabajar en la fabricación de un colegio y hospital, que conforme a la capitulación hecha con él había de fundarse en aquella isla. Con igual fecha permitióse a Pedro de Heredia, Gobernador de Cartagena, que llevase cien esclavos negros para sus haciendas, y hacer la fortaleza según la capitulación que con él se hizo desde 1532[1]. Aun hallándose fuera de España, concedía Carlos I estas licencias, siendo una de ellas la de Bruselas a 16 de Septiembre de 1540, para introducir en Indias cien esclavos francos de derechos[2].
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