hubiese para conducirlos a España sino en los buques de Sevilla, que no siendo bastantes, llevaban desmedidos precios, por lo que menguaban notablemente aquellos productos. Y puesto que había licencia para cargar desde las Canarias, islas que en su mayor parte estaban pobladas de portugueses, de los cuales el mayor número se componía de maestros y marineros que por estar casados allí teníanse por naturales y súbditos del Rey, bien podía quitarse el monopolio a Sevilla, con provecho de las Indias. Los vecinos de la ciudad de Trujillo en Honduras suplicaron al Emperador en 12 de Marzo de 1540, que se le enviase ciento o ciento cincuenta negros fiados por uno o dos años, porque siendo, como decían, pocos los españoles, y estando enfermos, no podían perseguir a los indios alzados. Con este motivo mandóse a los Oficiales Reales de la Casa de Contratación de Sevilla, en 20 de Septiembre de 1540, que buscasen personas que se obligasen a llevar a la provincia de Honduras trescientos esclavos, mejorando el concierto hecho con los hermanos Alonso y Diego de Torres; mas no habiéndose hallado mejor postor, el Consejo de Indias comisionó al licenciado Cristóbal de Pedraza, Obispo electo de Honduras, para que buscase mercader que llevase a aquella provincia los referidos trescientos negros. Trasladóse al intento Pedraza a Lisboa, y allí en nombre de los vecinos de Honduras y por comisión real, ajustó asiento en 9 de Junio de 1541 con los mencionados
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