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al latín. Un resúmen de este trabajo se halla en la «Histoire des navigations», por Bross, y, tomándolo muy en cuenta, escribió sir Ollivier du Voort, en 1602, en Amsterdam, su obra «Description du penible voyage a l'entour du Globe terrestre».—[1]


§ II.


Como complemento de este período colonial, recordaremos á tres estantes y habitantes de la capital del Reino de Chile que dieron mucho que hablar á la villa en los comienzos de su vida; nos referimos á don Francisco Bilbao, á doña Isabel Bravo y á doña Inés de Suarez.

El primer boticario del Reino, establecido en Santiago, fué Francisco Bilbao, quien, á causa de la carestía de sus remedios, provocó una reclamación del pueblo, ante el Cabildo, anotada en un largo memorial de fecha 21 de Abril de 1566. El alcalde ordenó una investigación y, en vista de ella, los cabildantes, el 24 del mismo mes, prohibieron á Bilbao la venta de remedios, «ni otra cosa por ninguna vía, por causas que á ellos los mueven, vista cierta información sobre ello tomado, so pena de 500 pesos de oro para la cámara y propios y denunciador». El 29 de Abril, el boticario apeló de tal resolución y se presentó a dar cuenta, citado por el Cabildo, asegurando acatamiento á todas las resoluciónes de la autoridad, y «que no quiere mas de lo que á que sus mercedes paresciere, y que se le tasen aquellas cosas que se pueden tasar, moderadamente. Y para ello se llamó al licenciado Pacheco, médico, y se le tomó juramento en forma, y él lo hizo, so cargo del cual declaró y prometió hacer la tasa de aquellas medicinas que le pareciere que se deben tasar y pueden vender sin que estén recetadas, y que en todo dé la orden que se deba tener para el bien de la república».

El licenciado Pacheco presentó un arancel de precios para que por él se rijiera la botica de Francisco Bilbao, calmando la ansiedad que tan bullado asunto había despertado entre los santiagueños.

  1. En las numerosas excursiones científicas, marítimas, comerciales, geográficas, botánicas etc.. que han recorrido nuestros mares y territorio, ha habido médicos, que, aunque hayan estado sólo de paso, han dejado observaciones para las ciencias naturales y la medicina; de estas nos ocuparemos cuando la importancia de sus trabajos así lo requieran.