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En las provincias del sur existen numerosos expedientes judiciales motivados por los crímenes que, inconsciente ó deliberadamente, han cometido los naturales á causa de habérseles sugerido, por ejemplo, que sus desgracias ó enfermedades no terminarían sin haber provocado otro daño, cuando no herir ó envenenar á la persona que se da como orígen del maleficio.

Para descubrir al autor del supuesto daño se consultan con el machi especialista denominado lihua ó llihua, que quiere decir adivino, el que comienza su fingida pesquisa dando vueltas al rededor del clásico canelo, llamando á gritos y silbidos al Peuma, espíritu hablador que debe bajar á revelarles el secreto. Cuando se cansan de estas farsas, los adivinos dan un gran salto, como que agarran al espíritu, y fingiendo que están en consulta y conversando con él, terminan por declarar que tal ó cual persona es el brujo, el caleu, el causante de las desgracias, de las enfermedades ó de la muerte. En este último caso, la responsabilidad del adivino es mui grande por las fatales revanchas á que da lugar. Los parientes del difunto, se reunen entonces y preparan los medios para exterminar al causante de la brujería y si les es posible á toda su familia.

Los llihuas, antes de comprometer á su víctima, para dar mayor colorido de verdad á sus embustes, averiguan primero cuales fueron los enemigos mayores que tuvo el occiso, inclinándose á acusar a los más débiles é indefensos. Si el declarado brujo no alcanza á huir, lo cuelgan de un árbol, lo queman á pausa, en medio de las mas horribles maldiciones, no siendo raro que estas víctimas, en venganza á su vez, acusen á otros cómplices imaginarios que no tardan en sufrir igual condenación. Es tal la sugestión que padecen muchos de estos infelices que al ser interrogados por su culpabilidad, dicen que debe ser verdad cuando así lo ha dicho el Peuma por boca del adivino.

Es tan despótico el fallo audaz de los adivinos, dice Martinez de Bernabé [1], que nada puede resistirles, y es así como perecen inocentes y se arrebatan criaturas hasta del pecho de las madres á despecho de la «racionalidad sensible».

El daño por envenenamiento de los alimentos, lo llaman mal de vocado, y es práctica muy común para sus venganzas.

En 1649, dice Vicuña Mackenna, murió de vocado, el presidente Muxica, al comer una ensalada preparada con un tósigo [2]

  1. La Verdad en Campaña. Relación Histórica etc. etc. Año 1872, por Pedro de Usauro Martinez de Bernabé, Infanzón de sangre y naturaleza del reino de Aragón etc, (Manus. de la Bib. Nac. pub. por don Nicolás Anrique en su «Biblioteca Geográfica-Hidrográfica de Chile», segunda serie. Imp. Elzeviriana, MDCCCXCVIII
  2. El Clima de Chile. - Por Benjamin Vicuña Mackenna.