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decreto de Carlos III, salió de Valparaiso, en 1768, con dirección al Perú y después al viejo mundo, fijando su residencia en Bolonia.

Su ostracismo lo dedicó al bien de su patria.

En 1776, publicó, en italiano, el primer tomo de su obra «Compendio de la historia geográfica, natural y civil del reino de Chile,» edición anónima que fué achacada por algún tiempo al jesuita chileno Gómez de Vidaurre. En 1789 publicó la segunda parte de su historia.

Su obra monumental, para aquel tiempo, fué la publicada en 1782 con el nombre de «Saggio sulla storia naturale del Chile,» la cual fué traducida á varios idiomas y justicieramente enzalzada. Es digno de recordación el esfuerzo gastado por Molina para escribir una obra de aliento, en su mayor parte de memoria, y reconstruir los menores detalles y descripciones de sus investigaciones científicas perdidas ó abandonadas al dejas el país, pues es sabido que á los padres sólo se les permitió embarcarse con su breviario, y que Molina cambió por un Cicerón que conservó hasta sus últimos días. En los documentos inéditos de la biblioteca Vicuña Mackenna, se hallan numerosas pruebas del trabajo realizado por el abate Molina, para dar á luz sus notables producciones. Con el naturalista Xuarez, que acabamos de citar, mantuvo activa correspondencia epistolar procurándose nuevos datos ó recuerdos y confirmaciones de lo que había investigado anteriormente. Sus obras fueron de importancia para dar á conocer el país y sus traducciones al alemán, al francés, a inglés y al castellano dieron nombre y fama al humilde y patriótico sacerdote chileno. [1]

El historiador y jesuita Gómez de Vidaurre dice lo siguiente sobre los escritos de su compañero: «es tanta su claridad que no deja lugar á duda, sus noticias tantas que nada más se puede pedir; cuando él describe una cosa, por mínima que ella sea, parece que está viendo con sus ojos; cuando cuenta algún hecho, lo hace como se se hubiese hallado presente; cuando impugna un argumento, es indisoluble; cuando discurre, su razón es poderosa y sólida; en suma, su obra lo hace un gran naturalista, un sincero historiador, un modesto vindicador de su patria.»

El barón de Humboldt, hizo grandes elojios de los trabajos botánicos de Molina, y expresó que si no estaban á la altura

  1. Don Luis Montt, director de la Biblioteca Nacional, en la «Colección de Historiadores de Chile» vol. XI, nos presenta la traducción de don Domingo José Arquellada Mendoza, hecha en Madrid en 1788, é ilustra la obra con un nutrido arsenal bibliográfico y sesenta y cinco notas de importancia.