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En aquel tiempo, la instrucción adelantaba escasamente, y esto con provecho exclusivo de la carrera eclesiástica. En los colegios religiosos, se enseñaban los estudios preparatorios, y en los cursos superiores, sólo la teología y demás ramos complementarios de esta carrera. Estos colegios se llamaban Universidades pontificias.

Con razón el elemento ilustrado del reino estaba alarmado por esta estagnación intelectual, y deseaba cuanto antes poseer un centro general de educación.

Para no demorar esta solución, se había advertido al rey que no se exigiría auxilio pecuniario del presupuesto de la corona, solicitando, únicamente, la venia para disponer de la contribución llamada de balanza, ó sea de ciertos derechos aduaneros de exportación, subviniendo á los demás gastos con oblaciones de los vecinos.

El Licenciado don Manuel Antonio Valcarce Velazco, elevó ante S. M. C. una presentación á nombre de la muy noble y leal ciudad de Santiago de Chile y su reino, solicitando la creación de la Universidad, «ya que entre las regias virtudes la más preeminente y superior y con que se enzalza el real ánimo para el gobierno, es el asiduo cuidado de los estudios.» Entra en consideraciones sobre las ventajas de las Universidades, principalmente para mantener la fé y el espíritu religioso junto con las ciencias como sucede en las de la península y en las americanas de Lima y México creadas en 1551 y 1553, respectivamente.

Marca los inconvenientes que tiene la juventud del Paraguay, Tucumán y Buenos Aires, para ir á Lima, tanto por la carestía de la vida como por el viage de más de mil leguas, expuestos á accidentes, y principalmente los de Chile, que tienen que entrar á climas cálidos que provocan enfermedades y muertes. El único remedio, dice el referido informante, es crear los estudios superiores, en Santiago, para que se conozca por los naturales el Derecho Civil y Canónico, y la enseñanza de la medicina, tan necesaria para la vida humana. Después de enumerar las cátedras que se crearían y las rentas para mantener á los profesores, termina con las siguientes palabras:

«Parece que la reverente súplica que á los pies de V. M. postra la ciudad de Santiago, reino de Chile, tiene las circunstancias de menesterosa y benemérita, que incluye en estos políticos y legales fundamentos, espera y se asegura de la alta paternal piedad y magnificencia de V. M. el que se digne de erijir y fundar el Estudio Mayor, Universidad General, con el título y nombre de San Felipe, en dicha ciudad de Santiago, y asignación de las cátedras expresadas, con las regalías, privi-