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En las universidades donde habían muchos médicos, era de uso que los profesores no examinasen á sus propios alumnos, en las pruebas de grados.

En la Universidad de San Felipe, duraban los cursos del septiembre á marzo, y había lo que se llamaba un cursillo, antes de los exámenes, que duraba sesenta días, por lo común entre los meses de junio á agosto.

En 30 de abril de 1778, se ordenó que los estudios se hicieran por el texto «Instituciones» de Piquer adoptado también en España.[1] Esta obra trata de fisiología y patología, correspondiendo al primer tema 6 libros y 3 al segundo. Los de fisiología, tratan: 1.° De la naturaleza y objeto de la medicina; 2.° de las partes sólidas; 3.° de los humores; 4.° de los espíritus; 5.° de los temperamentos; y 6.° de las facultades ó funciones. Los tres libros de patología versan: el 1° sobre enfermedades en general; el 2.° sobre las causas; y el 3.° sobre los síntomas.

Las «Instituciones», de Piquer, basadas en Hipócrates, Galeno, Avisena, Rasis y Guido, fueron el cimiento científico durante toda la era colonial. Basta citar la siguiente teoría sobre el gran descubrimiento de Harvey, en 1619, para darnos cuenta de las ideas científicas que inculcó entre nuestros médicos: «La circulación de la sangre ni debe negarse absolutamente ni tenerse por cosa del todo demostrada, á nuestro juicio debe colocarse entre las opiniones que las escuelas llamen probables, pues que de ambas partes militan argumentos opuestos de más ó menos igual valor.» Esta opinión sustentada tambien en pleno siglo XVIII por los profesores que seguían á Piquer, a pesar del descubrimiento de Malpigio, en 1661, de las redes y vasos capilares, que no dejó lugar á duda la circulación de la sangre, manifiesta el visible atraso de la escuela española.

La «Praxis Médica» y el «Tratado de las calenturas,» son dos obras de Piquer que se utilizaron en la enseñanza.

Desde 1610, según la ley 8.°, libro 8, título 8 de la Novísima Recopilación, los catedráticos debían en sus clases, «leer primero la letra del capítulo que se comenzare, llevando el libro el catedrático y los estudiantes, para que lo entiendan, que este es el fundamento con que se han de quedar; y luego el catedrático lea las dudas y cuestiones que se ofreciesen acerca de la letra, que sean las útiles y que importaren para el conocimiento de la esencia de las enfermedades, de sus causas y se-

  1. Arch. del M. del I.—Vol. 737.—Cedulario de la Biblioteca Nacional de Santiago.—Real Cédula de Carlos III.