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una procesión aparatosa formada por el profesorado, bedeles, alumnos y amigos del candidato, revestidos todos con trajes elegantes, y precedidos de una banda de clarines y tambores; tras la cual seguía el doctorando, al lado del padrino, en un caballo enjaezado, llevando enarbolado el blazón de sus armas pintado en tafetán, y próximo á un heraldo que alzaba el escudo universitario, adornado con la efigie del santo patrono y las armas de la ciudad de Santiago, orlado con las siguientes palabras: Academia chilena in urbe Sancti Jacobi.

Esta procesión recorría las principales calles, en busca del rector que esperaba en su casa rodeado de su séquito oficial; una vez reunidos seguían todos á la Universidad, recorriendo siempre diversas calles, para dar comienzo á la deseada fiesta.

En un sitial elevado se sentaba el rector—y el vice-patrono cuando solía asistir—rodeados de los principales personajes, teniendo al frente una cátedra especial para el padrino del doctorando. El padrino proponía una cuestión, que su ahijado debía desarrollar en latín, durante media hora por lo menos, terminada la cual, el padrino pasaba á sentarse á la izquierda del rector; seguía el vejamen, que consistía en una original y fina sátira sobre las prendas personales del candidato, hecha por un doctor, y que al fin terminaba por una entusiasta peroración, en su elojio. El padrino podía, entonces, conducir á su ahijado ante el rector pidiéndole que le impusiera los grados «en una oración latina y buena» á la que respondía, el maestre escuela, en una corta alocución en favor del postulante.

Procedíase, en seguida, á prestar el juramento de fidelidad al rey y de fiel cumplimiento de sus deberes, en nombre del misterio de la inmaculada Concepción de María Santísima, estando de rodillas teniendo las manos apoyadas sobre los evangelios, recibiendo, en seguida, del rector, la imposición del grado. Por último, el padrino le entregaba las insignias depositadas en una bandeja de plata; recibid, le decia, este ósculo—al dárselo en la mejilla derecha—en señal de fraternidad y de amistad; este anillo, en señal de alianza con la sabiduría que debeis aceptar como á vuestra esposa querida; este libro, símbolo de la enseñanza; esta espada, para que, cual soldado de la ciencia, triunféis de los ataques de la enfermedad; y esta espuela, para que recordéis el deber de combatir á las huestes de la enfermedad.

Así quedaba armado caballero de la ciencia médica, y entonces el nuevo doctor pasaba á ocupar un asiento al lado derecho del rector.

Acto contínuo comenzaba la parte interesante para los asistentes; se les regalaba dulces y helados á discresión, y al rec-