Página:Historia general de la medicina en Chile, tomo I.pdf/227

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    Maestre de Campo juzgó por conbenientes en cumplimiento de la Real Orden que acompañó a la remesa de la Disertación de Franc.° Gil intitullada «Preservación de Viruelas» se ponga en práctica en el dia, si el número de enfermos, que haya en la ciudad de la Concepcion no es tan numeroso, que prudentemente se crea, que toda su Atmófera está contajiada.

    Bien conoce el Protomedicato, quan difícil es fundar esta conjetura, pero consultando la razon con consideracion a la Poblacion de que se trata que tiene entendido ascender de seis a ciete mil Individuos se persuade de que si el n.° de variolosos no pasan de ciento puede recurrirse a este espediente. En este caso deberian separarse con la prontitud posible a dos o tres Hospitales provisionales todos los enfermos, que se encontraren sin excepcion de Personas interponiendo el Gobernador todo el vigor de su Respetable Autoridad para examinar escrupulosamente toda la ciudad, conminando con severas penas a los ocultadores de los contajiados, entendiéndose por tales no solo a los actualmente detenidos en cama, sino también los que estuviesen convalecientes y sus ropas con las Providencias que a V. S. parecieren mas oportunas.

    Los Hospitales pueden ponerse en Penco Viejo impidiendo el tránsito de los Pasajeros por este lugar, o en otra parte que esté a sotabento de la ciudad prohibiendo absolutamente el comercio de las Gentes que sirviesen en ellos con las de fuera, y para evitarlo en el todo, designar un lugar intermedio donde resiban las proviciones que necesiten y pongan en Papel los avisos de sus urjencias, cuidando de pasar por vinagre estos papeles antes de berlos la persona que mantenga intelijencia con los contajiados.

    El Protomedicato desconfia de que este aviso llegue a tiempo, atendido el que ha corrido desde el primer descubrimiento de Viruelas en la Concepcion, pero como el Sr. Gobernador Intendente anuncia, que el progreso que hacen es mui lento, acaso no se havran multiplicado como debe temerse. Por otra parte se hace cargo de los estorbos que se presentarán g la excension de este medio i principalmente el de que el Pueblo juzgará temeraria esta Providencia i alegará escaces de caudales.

    En quanto a lo primero puede preguntarse a los Penquistos; si juzgarán por tal la Providencia que les separase de su sociedad una porcion de Incendiarios, y asegurar sus Habitaciones de ser despojo de las llamas a que las exponian? No se cree que habrá quien responda afirmativamente. Pues como otros tantos incendiarios deben reputar a los enfermos de Viruelas porque no hai epíteto que mejor cuadre a las Pestes que el de fuego consumidor de los Pueblos, y assi para explicarse el ingreso de esta plaga en alguna parte se dice oportunamente se ensendió la peste en tal o tal parte. En cuanto a lo segundo deben apurarse los adbitrios i recursos por el Pueblo puesto en extrema necesidad, assi como lo haria un Individuo oprimido de la misma pues por tal contempla el Protomedicato la de la Concepcion en este caso.

    Separados los enfermos en el propuesto a sus Hospitales, se debe de cuidar de purificar el aire de la ciudad por medio de fumigaciones, esto es, quemando en los ángulos de ella que esten a barlovento lerbas y Palos aromáticos como los de Colliguay Peumo, Arrayan, Pino, Romerillo, y otros que despidan buen olor, regar las avitaciones que han tenido enfermos con vinagre, y sobre todo: si algún individuo fuere acometido por algún resto de contajio separarlo inmediatamente.

    En el caso de que la Epidemia haya tomado tanto vuelo, que no sea adaptable el medio propuesto debe recurrirse a los siguientes: se hará uso de las fumigaciones mencionadas arriba, y del vinagre tanto regando con él las abitaciones, como colgando vasos llenos de este Licor en lo in-