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El primer período corresponde á los años que medían entra 1556 y 1617, en que los cabildos por intermedio de sus diputados, dirijian todos los servicios, hasta que entraron los padres capachos ó capachitos,—como los llamaban por llevar cubierta la cabeza con la capucha del hábito—que hasta el año 1823, tuvieron la dirección de los hospitales bajo una lijera supervijilancia civil.

La institución laica de la beneficencia pública llena el tercer período que es el que rije actualmente.

La primitiva administración del ayuntamiento, en ardua época de conquistas y de defensa propia, tuvo, naturalmente, que resentirse en lo tocante á la salubridad y hospitales.

Todos aquellos servicios, fueron no sólo deficientes sino malos y muchas veces perniciosos.

Los malos médicos por un lado,—á algunos de ellos los llamó el Cabildo supinos ignorantes—y la falta de medios de asistencia, como la escases de camas [1] alimentos y ropas, de útiles y recursos, y de elementos indispensables, por otro, hacían que los hospitales primitivos fueran temidos por el pueblo. Más de un historiador ha dicho que aquellos establecimientos fueron durante algún tiempo, depósitos de cadáveres, antes que sitios de alivio y de salud.

Para reformar tan funesto réjimen, el presidente Alonso de Rivera hizo traer á Chile á los padres capachos, después de haber mandado como emisario especial, para esta comisión, al general Juan Perez de Urazandi, que preparó la venida de estos religiosos para el año 1617. El virrey del Perú, Francisco de Borja, príncipe de Esquilache, autorizó la traslación de cuatro padres, en 13 de Abril de 1616, y poco después la aprobó Felipe III. El prior de la nueva orden, fray Gabriel Molina, se trasladó á Concepción, á ponerse á las órdenes del gobernador Rivera, pero estando este gravemente enfermo sólo alcanzó á auxiliarlo en sus últimos instantes.

El mismo dia de su muerte, el 7 de Marzo de 1617, don Alonso de Rivera firmó las capitulaciones de recepción y réjimen de los padres hospitalarios. Según estas bases, los hospitales de Concepción y de Santiago quedaban dirijidos por la Orden de San Juan de Dios, bajo la supervijilancia del patronato real.

El padre Molina, después de recibirse del hospital de Con-

  1. El ayuntamiento acordó, el 12 de Marzo de 1613, en vista de la escasez de camas en el hospital que se notificara al mayordomo de él para que en el plazo de un mes tuviera en todas las camas colchones de melinje, frazadas y una docena de sábanas bajo pena de hacerlo á su costo si dentro de dicho termino no estuviera cumplida la orden.