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que ya no se sabía donde ponerlos. En Santiago hubo que habilitar dos lazaretos pues los variolosos pasaban de seis mil. Este mismo padre dice que en los años 1801 y 1802, siendo cura de Curimon, hubo sólo en la provincia de Aconcagua más de diez mil apestados, quedando más desoladas aún las provincias del sur.

El fiscal de S. M. Perez de Uriondo escribió en 20 de Octubre de 1789, que las viruelas son un Herodes más cruel que Agripa, una plaga la más inhumana y un incendio el más voraz.[1]

El teniente Viana de la expedición Malaspina asegura que en la ciudad de Concepción, donde estuvo de paso, fallecieron en 1788 y 1789, 2.500 habitantes, de 6.000 que tenía la población.

Fray Pedro González de Agüeros, en los documentos del archivo de Indias de 1790,—[2] consigna las buenas condiciones climatéricas de Chiloé, «que aunque húmedo y frio es muy sano y exento de enfermedades contagiosas, tercianas, cuartaoas y otros accidentes que son regulares en los más de los países»; prueba su aserto diciendo que sólo en 1776 llegó la viruela á dicha provincia y con caracteres benignos, no pasando del puerto de San Carlos á ningún poblado del interior.

En un informe del capitán de Amigos Fermín Villagrán, [3] sobre la peste de viruelas, se encuentran numerosos datos sobre esta epidemia y sobre la marcha que en 1790 y 91 tuvo en las reducciones de Collico, Cura, Quechereguas, Petegüe, Chacaico, Dunui, Pillchiñaren, Qurro, Chaigüén, Canelo, Burén, Biñayco y Pilgüén. En este interesante informe se asegura que los indios se bañan y toman bebidas frescas apenas les brota la viruela con lo que consiguen disminuir la mortalidad.

La invasión negra, como se llamó á la de 1806, fue la más mortífera de todas;[4] de norte á sur, el país parecía un gran cementerio, y no había cómputos ni recuerdos que superaran un mayor número de víctimas, parecía que la terrible epide-

  1. Arch. de la R. A.—Vol. 967.
  2. Misiones y Expediciones en la Provincia de Chiloé.—(Bibl. Hisp. Chilena.)
  3. Capitanía General.—Vol. 967.—Angeles, 13 de Junio de 1791.—«Expediente formado sobre la introducción de la peste de viruelas entre los indios Butalmapus y modo de suministrarles algunos medicamentos y otros auxilios.»—Ob. cit.
  4. En un informe al Cabildo de Santiago, de fecha 3 de Julio de 1806, firmado por el procurador de ciudad don José Joaquin Rodriguez, se dice que la epidemia de viruelas que diezmaba la ciudad, en ese invierno, fué la más terrible de todas y la mayor de las conocidas en el mundo.