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Uno de los remedios que gozó de altísima reputación fué la piedra bezoar, concreción formada en el aparato dijestivo de los rumiantes, de forma ovoidea ó redonda, de superficie brillante, color cáscara, compuesta de pelos, sustancias calcáreas y diversas sales.

El padre jesuíta Miguel de Olivares [1] dice lo siguiente:

«La piedra bezoar es una concrecion calculosa que se encuentra en los intestinos, estómago, y vías urinarias de ciertos rumiantes. Hay dos especies, el bezoar oriental, de la gacela de las Indias, de la cabra montes y el puerco espín; y el bezoar occidental, que se halla en la llama, la vicuña y el guanaco. Su nombre viene del hebreo, de bel, señor, y zoar, veneno, esto es, señor de los venenos, ó contra veneno. Se atribuía á esas piedras, virtudes medicinales verdaderamente maravillosas. Se les creía un antídoto contra todo veneno y contagio. El doctor Nicolás Monardes, médico de Sevilla, que publicó en 1574, las tres partes de su Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias occidentales que sirven en medicina, ha destinado un extenso capítulo á la piedra bezoar, explicando sus virtudes y refiriendo las historias prodijiosas de las curaciones efectuadas por ella. No es la más singular, la que sigue: «Aprovecha mucho esta piedra en tristezas y melancolías, S. M. el emperador (Carlos V) que sea en gloria, la tomaba muchas veces para este efecto; y así la han tomado y toman muchas personas que tienen tristeza sin causa, porque la quita y hace, al que la usa, alegre y de buen continente. A muchos he visto apretados de congojas y desmayos y con melancolías, que en tomando peso de tres granos de esta piedra con agua de lengua de buei han fácilmente sanado.» La piedra bezoar dada con vinos, dice en otra parte, deshace la piedra de la vejiga.

Se comprende que un medicamento al cual la ignorancia y la superstición atribuían tan maravillosas cualidades, debía ser muy buscado y debía tener un precio exhorbitante. Se rerefiere de un bezoar de puerco espín que un judío de Amsterdam, quería vender por 2.000 escudos. Se atribuía además á los bezoares otras especies de virtudes. Se creía que el que llevaba al cuello una piedra de esta especie no podía dejar de ser feliz. De allí que los pobres que no tenían como comprar un talismán de esta naturaleza, lo tomaban alquilado por ciertos dias. En Portugal se les alquilaba á razón de dos pesos diarios. Este alto precio dió origen á la falsificación de estas piedras. Se les fabricaba en Goa con una pasta arcillosa que imitaba la forma exterior del bezoar, pero no su estructura ni su compo-

  1. Historia de la Compañia dé Jesús en Chile (1593-1736)