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Los hechiceros, antes de someterse á una importante prueba de adivinación, como el porvenir de la patria, la suerte de una guerra, ó sobre la enfermedad de un cacique ó toqui de fama, se imponían ayunos ó mortificaciones corporales, ya que para completar más el engaño entre los indios, ó con el fin de hallarse más aptos para las ceremonias, sugestionados, ellos mismos por el poder sobrenatural que creían inherente á sus personas.

Otro hecho que trataban de inculcar en la muchedumbre era el de que sólo ellos, los iniciados en la forma y prácticas heredadas de sus antepasados, podían obtener de los seres sobrenaturales el privilegio de que gozaban, considerando hechicería maligna la no ejecutada por los de la casta. Cuenta Vicuña Mackenna, que infundían temor respecto á los huincas,—españoles ó blancos—tratando de hacer pasar por brujerías cualquier acto que no comprendiesen, fomentando así el odio por los invasores.

A este respecto refiere el apurado lance en que se encontró el sabio naturalista Gay[1] en una excursión por Arauco, á causa

    Lengua de la emorrois, que aquel que hiere
    suda toda la sangre hasta que muere.

    Vello de cuantos monstruos prodigiosos
    La supérflua natura ha producido;
    Escupidos de sierpes venenosos,
    Las dos alas del yáculo temido,
    Y de las seps los dientes ponzoñosos,
    Que el hombre ó animal della mordido
    De súbito hinchado como un odre,
    Huesos y carne se convierte en podre.

    Estaba en un gran vaso trasparente
    El corazón del grifo atravesado,
    Y ceniza del fénix, que en oriente
    Se quema él mismo de vivir cansado;
    El unto de la scitala serpiente,
    Y el pescado aquineis, que en mar airado
    Al curso de las naves contraviene,
    Y a pesar de los vientos los detiene.

    No faltaban cabezas de escorpiones,
    Y mortíferas sierpes enconadas,
    Alacranes y colas de dragones,
    Y las piedras del águila preñadas;
    Buches de los hambrientos tiburones
    Menstruo y leche de hembras azotadas,
    Landres, pestes, venenos, cuantas cosas
    Produce la natura ponzoñosas.

  1. Claudio Gay. Su testamento y rectificaciones, por Benjamin Vicuña Mackenna.—Santiago. Agosto de 1878.—(Publicado en la Estrella de Chile de id. id.)