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fin auxiliatorias correspondientes para los jueces de provincia a fin de que estos persuadan al pueblo el aprovecharse de estos beneficios y que lo hagan sus subalternos y párrocos para que no omitan sujetarse a la vacuna; ya se ve que este medio es molesto y costoso pero si se consideran las grandes utilidades que de él resultarán, esta consideración facilita los mayores imposibles en los corazones piadosos y amantes de la humanidad.

Para concluir, el proto-médico hace dos advertencias conducentes al fin propuesto, la primera: que algunas personas se han desconsolado, porque habiéndose sometido a la vacuna dos y tres veces de ningunas de ellas ha resultado el debido efecto, deben pues estos tener entendido lo que dice el doctor don Valeriano Luis Brera en la traducción al italiano, que ha hecho de los Elementos de la Medicina Práctica, del Consejero Weikard, en el artículo sobre la Viruela Vacuna: «que así como no se puede inocular la viruela natural a todos los individuos, así no se puede comunicar a todos la vacuna; pero afirma el Doctor Carreño que el número de los que no son susceptibles de la vacuna está para con los otros como uno a sesenta.»

La segunda que el caso que faltase por acontecimiento extraordinario la viruela vacuna, se puede echar mano de la viruela de las ovejas, pues como dice el citado Doctor don Valeriano: «las mas recientes observaciones han hecho ver que no solo la vacuna preserva de la viruela natural, 'sino también la Clavete, ó viruela de la oveja. Sabemos que en Escosia se practica desde algún tiempo la inoculación con el pus del ganado lanar, el cual es también un gran preservativo como el de la vacuna, y trae a mas una enfermedad mas suave y de un período mas breve que aquella.

Finalmente concluye el protomédico diciendo: que la conservacion de la vacuna consiste en el ejercicio de esta operacion, pues sus felices efectos serán el mejor convencimiento de su utilidad, y este el mas eficaz razonamiento para que todos se sometan a ella, lo que conseguido resultará que jamas faltará la vacuna, pues los que fueren naciendo serán el pábulo, que mantenga inextinguible esta llama, y por consiguiente no se necesitan mas medios de conservar la vacuna que los de propaganda, que es cuanto puedo informar a V. Ex. sobre lo mandado.—Santiago y agosto 29 de 1806.—Doctor Josef Antonio Rios.

Otra comunicación oficial sobre esta materia:

Exmo. Señor: El proto-médico de este reino en cumplimiento de el superior decreto de V. Exa. de 18 de Octubre del año próximo pasado, relativo a que informe sobre los fines dispues-