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mero de médicos que había en Chile,[1] el poder dispensar un año de práctica y dos de edad, el admitir certificados de profesores privados, y aún otorgar títulos interinos en casos de epidemias ó de escasez de profesionales. Esta súplica termina con la queja de que las cátedras de los Rios, de los Chaparros, y los Sierras, no funcionen en el Instituto, «aunque no mas fuese para formar hombres medianos en la medicina que salven á tantos que mueren sin asistencia. »

Nombrado Grajales para emitir un informe sobre la solicitud de Oliva, pidió un perentorio rechazo, según sus palabras, para tan exquisita ambición.

«¿Como hay valentía, señores,[2] dice el informante, para pretender la autoridad de facilitar curanderos en tiempos de epidemias, y que en todas épocas sean bastantes los certificados privados de estudios? Se ignora acaso la facilidad con que un empeño, una noticia seductora, un respeto á mil relaciones, una equivocación, una falsa piedad, ó una prostitución del destino, según que este se varíe en las personas, puede franquear esos documentos de que pende la salud pública? En medicina no se admiten grados de bueno y mejor careciéndose de los elementos necesarios para salvar la vida, porque queda expuesta á manos inexpertas que la destruyan. Un examen no es la prueba concluyente del candidato. Cualquier accidente puede hacer un lucimiento sin que esté adornado de los estudios que no ha tenido. El interés de la vida del hombre demanda un caudal de luces que no se adquiere por una gracia del tribunal, y yo jamás convendría en que haya malos facultativos que el que no haya ninguno, porque en esta carencia universal sería la naturaleza mejor médico que aquellos que pueden matar á los sanos.

No cesaría de clamar contra esas epiqueyas de edad y de luces para que sin un sólido juicio y sin los conocimientos necesarios, quede expuesta la existencia de los habitantes de Chile á la impericia de cualquier extrangero que traiga títulos adqui-

  1. En 1818 y en 1822, pasó Oliva, al Senado, las nóminas siguientes de los médicos que tenían derechos á ejercer la profesión:

    En 1818: Oliva, Diaz Coronilla, Nataniel Cox, Grajales y Camilo Marquisio entre los latinos, y á José Delgado, Pedro Morán y José Puyó, entre los romancistas.

    En 1822: Oliva, Juan Miquel, Manuel González, Nataniel Cox, Diaz Coronilla, Juan Crous, Santiago Michael, Pedro Morán, Gregorio Arias y N. Polar.—Agrega que hay cinco boticas en la ciudad de Santiago.—(Cuerpos Legislativos.)

  2. Informe presentado á la Comisión de Policía del Senado, sobre la petición del Protomédico Oliva para dar facilidades á la carrera médica, por Manuel Julián Grajales—Noviembre 5 de 1823.