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blica Julio Bañados Espinosa, y su inmediato antecesor el Dr. Federico Puga Borne que había dado término á la realización de tan importante obra.

En aquel primitivo local, si ganaron las condiciones higiénicas y algún desahogo para practicar las disecciones, no mejoraron en tanto, como era de exijencia científica, las necesidades propias de los anfiteatros de disección, donde continuaron los alumnos aguzando su injenio y paciencia para ejecutar sus trabajos, aunque con superiores comodidades—lo que siquiera era algo—que en su anfiteatro de tumbas en el antiguo cementerio, ó á las que tuvieron los médicos del Rimac, cuando en 1801 colgaron de un naranjo al virrey O'Higgins, escudriñando las causas de su muerte.

En los archivos universitarios hay numerosas notas que comprueban las exigencias del profesorado, pidiendo instrumentos y aparatos para sus laboratorios, los que se satisfacían á medias, por escacez de dinero.

Con todo, y esto honra vivamente á sus actores, los primeros meses del estudio de la anatomía, dieron un satisfactorio resultado, según se lee en el discurso de apertura del anfiteatro, pronunciado por el profesor Morán, el día 17 de Septiembre de 1833:[1]

«Principiaron las lecciones de ambos cursos bajo los sistemas más dignos de las luces del siglo. Para el anatómico, puesto bajo mis débiles luces, tomé por tipo á los profesores Chaussier, Bichat i Maigrier, i aunque es innegable que la anatomía ha llegado á mayor grado de perfección, á costa de incesantes trabajos, sin embargo, no han conseguido aún, las escuelas, fijar los métodos de enseñanza. Así es que para facilitar el mejor aprovechamiento de mis alumnos me he visto en la necesidad de emprender tareas, casi superiores á mis fuerzas, á fin de compilar los más escojidos preceptos. Fijados estos, estudiaron la osteología, ó historia de los huesos, recibiendo á un mismo tiempo conocimientos especulativos i prácticos sobre un esqueleto humano. Muy pronto, con inspirada novedad debido á la aplicación de mis discípulos, se tocó en la materia de cartílagos, ligamentos, periostio, sinovia, etc, conocida con la denominación de conexión de los huesos, i se practicaron disecciones de cadáveres para conocer estas organizaciones, ejercitándose primero como discípulos i mostrándose después como maestros.»

En este mismo discurso, se hallan estas palabras con respecto al Dr. Blest.

  1. Discurso pronunciado en la apertura del anfiteatro de Anatomía el 17 de Septiembre de 1833, por el Dr. Pedro Morán—Santiago. «El Araucano».