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doliente y á la ciencia, fué el primero que levantó el nivel moral del médico en nuestra patria.

Anhelante de nobles ambiciones, como hombre, como facultativo y como miembro de una sociedad naciente que le abrió sus puertas con extraordinaria sinceridad, contribuyó por cimentar las bases del progreso intelectual, dejando por doquiera que alcanzó su obra, imperecederas huellas de su intelijencia, de su labor y de su altruismo.

En el año 1826, dominado por laudables propósitos, publicó su primer trabajo científico, en el cual se analiza el estado de la medicina chilena, con claridad, método y verdad, poniéndo al descubierto los defectos y peligrosas consecuencias de dicha incuria, y detallando un plan razonado de reformas.

En 1828, dió á la prensa otro interesante opúsculo sobre las enfermedades propias de Chile, que lo presenta como un observador discreto y un aventajado clínico, además de revelarlo escritor ameno y atrayente.

En la sección bibliográfica, ampliaremos estos detalles y daremos á conocer algunos períodos de su interesante literatura que tiene la doble importancia de constituir un luminoso cuadro científico é histórico que abarca una porción extensa de la vida nacional.

Pero en donde Blest, se destaca con vinculaciones perennes, quedando su nombre ligado á la historia patria—como él mismo, proféticamente, lo dejó escrito—es en el profesorado y en la organización é inauguración de la Escuela Médica que le confió el gobierno, permitiéndole que su nombre «quedase escrito en las futuras páginas.»

Desde que se inició la enseñanza, en 1833, comienza también para Blest la acción primordial de su existencia.

Tres generaciones de discipulos aprendieron la patología y la clínica interna, con todos sus ramos dependientes, hasta el año 1851 en que se retiró del profesorado.

En el decenio anterior á las años de su vida docente, estudió el clima, los hábitos, las enfermedades, epidemias y endemias, dejándonos datos valorosos para la formación del mapa patológico de la república.

Alejado de la actividad de la Escuela, se dedicó al ejercicio de su filantropía é infatigable misión profesional.

Desde 1823 hasta 1884, período que comprende su bienhechora estadía en el país, hay recuerdos indelebles que marcan como en escultórico relieve los hechos de su dilatada y fecunda vida de labor.

Levantando y dignificando la profesión médica, elevado en su cátedra, escudriñando los secretos del mal, revelándolos,