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5.°—Vicisitudes de la temperatura atmosférica.

6.°—Medios preservativos.

7.°—De los alimentos.

8.°—Del ayuno.

Comienza su estudio el Dr. Blest, con la pintoresca descripción que á continuación transcribimos:

«La ciudad de Santiago, elevada sobre centenares de pies sobre el nivel del mar—rodeada de un alto y majestuoso cordón de montañas—regada por infinitas corrientes de agua—favorecidos sus campos vecinos con variadas fuentes medicinales, y socorrida con toda clase de hortalizas y frutos, parece que la naturaleza la hubiera destinado para ser la mansión de un pueblo que gozase de la posible felicidad terrestre y de la mayor longevidad humana.

Con todo, mirándola con ojos menos deslumbrados y examinando con filosófica escrupulosidad su policía interior, encontramos que es hermosa en apariencia; y que la mayor parte de sus fruiciones las debe á las fértiles campiñas que la rodean.»

«Los campesinos de los alrededores, con sus alegres rostros, sus vivas miradas, su marcha, todas sus acciones y movimientos, advierten su sanidad. El invierno y el verano, la estación seca ó húmeda, causan el mismo efecto sobre sus rústicas constituciones; ellas sólo ceden á la inexorable guadaña del tiempo, ó á la destructora influencia de algún ejercicio corporal violento. Sus humildes cabañas son limpias y bien ventiladas; su habitador se acuesta en su duro, pero saludable lecho, y se levanta por la mañana lleno de frescura y vigor. No encuentra en su puerta inmundicias amontonadas. Estrechas calles no le privan de respirar libremente, ni aguas detenidas perturban, con sus nocivos y mortíferos vapores, el tranquilo curso de su sangre.»

Continúa, en seguida, pintando el reverso de lo que pasa en Santiago: la nula acción de la policía sanitaria; las calles mal empedradas en el centro de la ciudad, y sin pavimento, llenas de basuras, inmundicias y lodazales, en los suburbios; las acequias infectas con cieno podrido, y en constantes aniegos; las habitaciones de los proletarios convertidas en pocilgas estrechas, sin ventanas, donde duermen en plena tierra ocho ó más personas amontonadas, con perros y gatos; el desaseo de la jente pobre que no usa de ablusiones ni de baños; la golosa alimentación de sustancias de difícil dijestión; el alcoholismo; la plaga aterradora de los heridos á cuchillo, la peste de Chile, como le llama gráficamente, que llena los hospitales, y que, por la fecha de su estudio, cita 29 casos en 13 dias, asistidos sólo