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En aquel tiempo los estudios médicos requerían una constancia á toda prueba y grandes desembolsos pecuniarios, pues cada profesor recibía de sus alumnos los emolumentos que eran crecidos cuando se trataba de los maestros de fama. La disección anatómica también costaba mucho dinero porque era necesario comprar los cadáveres á asociaciones que comerciaban especialmente en este fúnebre negocio. Por aquellos mismos años, fué cuando se descubrió el criminal sindicato de Burke y Hare, de Edimburgo, que proporcionaba cadáveres de víctimas inmoladas para tan negro lucro, comprobándosele diezisiete asesinatos en corto tiempo. Este grave suceso dió motivo para que la autoridad hiciese una enérjica reforma de los procedimientos escolares, reglamentándose los cursos de anatomía y cirugía, vinculándolos á la práctica hospitalaria y de anfiteatros, con la supervijilancia de centros científicos y del propio Estado.

Las ciencias médicas que á fines del siglo XVIII, habían tomado auje mayor en Inglaterra, continuaron á principios del siguiente, influenciando por el mundo y tomando incremento en su suelo nativo.

En este ambiente obtuvo su enseñanza el alumno Cox, recojiendo la primera simiente intelectual.

Premunido del doctorado, deseó viajar y recorrer el mundo buscando, en la lucha por la vida, emociones para su juvenil espíritu y ensanchar al mismo tiempo el caudal de su experiencia y de sus conocimientos.

En el navío de guerra «Uriel» de la armada rusa, se embarcó como primer cirujano, recorriendo toda la Europa, en sucesivos trasbordos, pasando después á la marina inglesa bajo cuyas banderas surcó el Atlántico y el Pacífico, obteniendo en el Callao y en Lima y, principalmente, en Montevideo donde permaneció más largo tiempo, gratos recuerdos de la sociedad sud-americana.

Después de haber recorrido todos los mares, saturado de la vida del marino, renunció á esta carrera, y al obtener su baja, le concedió el Almirantazgo documentos honrosos para el hombre y el médico, así como antes los había recibido de la armada imperial rusa.

Libre de su compromiso resolvió trasladarse á Montevideo y establecerse en esa ciudad. Mas, encontrando bloqueado dicho puerto, por trastornos bélicos, continuó su viaje hasta Mendoza, engañado con las bellezas y grandes espectativas que alguien le contara respecto á esa región andina. Descepcionado de su expedición, tuvo al mismo tiempo noticias de que la fragata inglesa Phœbe, de la cual había sido cirujano, se hallaba