Página:Historia general de la medicina en Chile, tomo I.pdf/38

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al fin en diablos, por cuyo motivo nunca les llevan sino carne de cabro, como única alimentación.

Dos veces no más les llevó carne de cabrito, al Chivato y al Ibunche, consiguiendo así verlos, además de otra ocasión en que tuvieron consejo, en la misma cueva, José Merimañ, José Quinchipane y el declarante, con el fin de atentar contra la vida de Eusebio Pindo de Pelo, en Tocoihue, porque tenía muchos víveres y no les participaba. El declarante se opusó á la determinación que querían tomar y se retiró sin saber lo que acordaron, pero á los ocho fías falleció el expresado Pindo y no supo quien le daría la muerte.

El Chivato y el Ibunche estaban ahí sin tomar parte en nada y los hacían colocar á la entrada.

Desde entonces no les vió más.

Marimañ falleció poco tiempo después y entró á reemplazarlo José Chodil. A la muerte de éste, le sucedió su mujer Aurora Quinchén, quién se mancomunó con Cristino Quinchén hasta hace un añó en que Antonio Nauto, por comisión del Rey de las Españas (Payos), Juan Pedro Chiguai, la separaron del cargo y se nombró en su lugar á Domingo Coñuecar y al declarante, los que aún no estaban confirmados por los pueblos.

Aquí advierte que para cada nombramiento que hace el rey, se reunen los cabildos para aprobarlo, y es sólo entónces cuando todos les aceptan sin dificultad sus órdenes.

El libro de Moraleda y la llave de la cueva se las había entregado José Aro, que es reparador de la «Recta Provincia», quien conservaba dichos objetos desde la muerte de Marimañ.

El libro, como lleva dicho, lo dejó el declarante en poder de Benito Nancuante.

A los tres días de haberse recibido de su nuevo puesto ordenó a Miguel Raicagüin de Ternaun y al finado José Calbuyagüe que llevaran la llave y fueran á abrir la cueva.Volvieron diciéndole que no se podía abrir y que la puerta estaba trancada por dentro. En vista de esto creyéndose que no tenía facultad para romper la puerta, le previno á su pueblo que se reunieran para acordar lo conveniente. El Rey de las Españas ordenó también que se hiciera esto, y estaban citándose con ese objeto cuando los decubrieron y los redujeron á la prisión en que se hallan.

La llave de la cueva, dice, la tenía oculta en un campanario, el cual se incendió hace poco tiempo y como era de alquimia se derritió con el fuego.

No se sabe que harían José Chodil, Aurora Quinchén y Cristino Quinchén del Chivato y del Ibunche, pues nunca lo llevaron á la cueva é ignora si estarían vivos.