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En 1827 se estableció, por su propia cuenta, con una farmacia que pasó á ser histórica en Santiago. Allí, hasta 1840 fue el centro donde acudían los menesterosos en busca de una limosna y de un remedio; allí se preparaban los socorros para aliviar á los dolientes en tiempos de epidemias y se ofrecían, gratuitamente, á los heridos y á los caidos en las luchas bélicas, como en Ochagavía, ó como en la guerra chileno-hispánica; allí se reunían los hombres eminentes de la política conservadora y del clero, desde el ministro Portales hasta el arzobispo Valdivieso; allí se daban cita los intelectuales de la capital, atraídos por aquel hombre de gran voluntad y corazón de oro, que en íntimo consorcio hacía vivir en su alma, la caridad y la ciencia, el patriotismo y el estudio, la virtud, la sutileza de Descartes, la fe cristiana y la honorabilidad del hidalgo.

En 1833, tuvo el honor, como diputado constituyente, de poner su firma en la Carta Constitucional de la república.

El 28 de Febrero de 1833 comenzó su nueva é infatigable obra de la enseñanza.

En el profesorado de farmacia fué para con sus alumnos padre cariñoso.

Sus primeras lecciones se basaron en el programa de Thénard, y poco después adoptó el sistema de Liebig que fué la pauta para sus textos de química y de farmacia aprobados, oficialmente, por la Universidad y el Gobierno.

Al inaugurarse su curso, el profesor Bustillos, ofreció sus honorarios de 500 pesos, para el adelanto de la Escuela, pero como el Gobierno no tomase ninguna resolución al respecto, le pasó una segunda comunicación incluyendo la donación de 200 pesos para útiles del gabinete, los que fueron entonces aceptados y agradecidos.

En 1830, contribuyó como vocal del Protomedicato á la laboriosa reorganización de la medicina pública, y de los diversos cometidos de este tribunal.

En Octubre de 1838, pidió al gobierno que se mandase á Europa á los alumnos más distinguidos de medicina y farmacia, con el fin de que perfeccionasen sus estudios y preparar de este modo el futuro profesorado y satisfacer las crecientes necesidades de la civilización. La exigüidad de las rentas fiscales, no permitió, al poder ejecutivo, el acceder á tan justa y preveedora solicitud.

En 1863, fué miembro fundador y presidente de la Sociedad de Farmacia. En este puesto fué estímulo y acción en provecho de sus colegas. En las páginas de «Los Anales de la Universidad», y en los «Anales de la Sociedad de Farmacia», se encuentran numerosos testimonios de su actividad. Con razón