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mente al estudio, á la enseñanza y á la vulgarización de las ciencias naturales.

Después de cada libro que publicaba, de cada secreto que arrancaba á la naturaleza, de cada verdad que descubría, lanzábase en pos de nuevas conquistas, exclamando como el apóstol de la India: ¡Amplius! ¡Amplius!»

En la revista literaria «La Estrella de Chile» consigna don Ramón Gumucio estas palabras:

«Conversar con Bustillos, era aprender. Discurría sin esfuerzo, con solidez, con una sencillez encantadora.

La palabra franca y animada era la más fiel y exacta expresión de su conciencia.

Había en su firme y ardoroso semblante un no se qué, que revelaba su penetración, talento observador y juicio sereno y reposado.»

En otra parte de este elojio, después de enumerar su obra científica, su autor exclama:

«Sabio modesto y retirado, no podía ser sabio!»

Esta amarga queja tan irónica como exacta, que puede repetirse sobre el sepulcro de tantos esclarecidos varones, no ha tenido, en las generaciones que le siguen, toda la crueldad de la injusticia.

No sé porqué extraña condición de la vida moderna, parece que ya no fueran tantos los hombres que se entregan al ejercicio abnegado del bien, material y moral, de sus semejantes.

Quizás las exijencias de nuevas costumbres, el refinamiento del siglo, la mezcla de razas y religiones, retraiga por un lado la bondad de aquellas prácticas, ó lo que es más de desear, se revistan bajo otra forma los hábitos de la caridad y de la filantropía, en una acción más genérica de la comunidad y de la autoridad, sin que alcance aquel explendor público que se revestía antiguamente dentro de poblaciones nacientes, impresionables y sin las preocupaciones y miras de los particulares y de las colectividades contemporáneas.

Nos es grato consignar este testimonio de respeto en honor del profesor Bustillos.

En otra época y sin menguadas preocupaciones, el humilde profesor de nuestra patria, podria haber aspirado, en filosofía y en ciencias, á las verdes palmas de los elejidos.

Como hombre podría haber vivido en casa de cristal.

Podemos entonces decirle, con el pensamiento de Cormenin:

«Fué su vida un curso de moral en acción.»

Bibliografía

Da los numerosísimos trabajos del Dr. Bustillos, disemina-