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primer orador de la libertad nacional, nació el 26 de Junio de 1769, en la ciudad de Valdivia.

En 1782 fué enviado á Lima al convento de San Camilo, llamado de la Buena Muerte, en cuya orden religiosa profesó el 28 de Enero de 1790.

Cursó filosofía, ciencias sagradas y medicina, bajo la dirección de fray Ignacio Pinuer, natural también de Valdivia.[1]

En 1811, tan pronto como supo el grito de libertad de Chile, regresó al suelo natal.

Después del desastre de Rancagua emigró á la República Argentina, dedicándose en Buenos Ayres al perfeccionamiento del estudio de las ciencias físicas y naturales y especialmente á la medicina, hasta terminar su aprendizaje en la escuela médica del Plata. Con todo, tuvo tiempo para escribir en la prensa sobre higiene y salubridad, [2] para redactar la Gaceta de Buenos Ayres en 1815, y ser regidor del cabildo bonaerense el año 1814.

Volvió definitivamente al país en 1822.

Demasiado conocida es la vida pública de este benemérito y eminente fraile para que entremos en detalles de su vasta actuación republicana; bástanos, á nosotros, recordar su nombre en estas páginas, en las cuales repetidas veces lo hemos consig-

  1. Diccionario Biográfico de Chile, por Pedro Pablo Figueroa.—4.ª ed. ilustrada con retratos.—T. II.—Santiago de Chile.—1897.
  2. Camilo Henriquez, por Miguel Luis Amunátegui.—Ed. oficial.—T. II.—Santiago de Chile.—1889.—En este libro biográfico se dan noticias de algunos escritos de Henriquez, en Buenos Ayres. Con fecha 24 de Abril de 1817, daba cuenta de los establecimientos de beneficencia: «El hospital de Santa Catarina, decía, consta de una sala principal y de tres ó cuatro salitas; en todas ellas hay 84 camas. La sala principal tiene solo 50 varas de largo y 8 de ancho, y hay en este espacio 40 camas, de modo que apenas distará una de otra una vara. Cada cama está enteramente descubierta sin alcoba, ni cortinas: En esta se coloca toda clase de enfermos sea cual fuere la enfermedad que padezcan. En cada sala se hace todo al descubierto. Actualmente hay 48 enfermos, y 19 infelices asilados, porque todavía no hay ningún hospicio, algún asilo para ancianos, desvalidos, etc. Tampoco hay hospital para locos ó dementes. Por otra parte, el edificio es ruinoso, húmedo, poco ventilado. Tiene doce relijiosos. Muchos de los asilados viven en los cuartos de los religiosos. Aquí hallaron un asilo generoso algunos emigrados chilenos, Fugit irrevocabile tempus, beneficii haud fugit memoria.»

    En otro artículo, solicitó de la caridad argentina un óbolo para dicha casa de caridad en los términos siguientes: «Los misterios de misericordia, que recuerda en estos días al pueblo cristiano, me exitan á implorar su piedad en favor de los pobres enfermos del hospital betlemita de Santa Catarina. Se aproxima la estación de los frios, y los enfermos no tienen mas colchones que los viejos inutilizados que cubren sus camas; no hay telas ni lanas para hacer otros. Sus entradas no pasan de 14 mil pesos; y los gastos exijen más de 20 mil, lo que se hace más palpable examinando los libros de su procuración.»