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Cirujano 2.º de esta misma nave fue don Pedro del Carmen, y el facultativo don Juan Isidro Zapata,—de quien ya nos hemos ocupado—fué también cirujano de uno de los buques de esta expedición libertadora [1] y después cirujano del ejército de O'Higgins.

El joven Juan Morgan, sobrino del Dr. Nataniel Cox, fué cirujano del ejército chileno.[2]

El Doctor Emilio Cazentre, francés, miembro de varias asociaciones científicas extrangeras, radicado en Valparaíso, fué quien ejecutó la autopsia médico legal del cadáver de don Diego Portales, en Junio de 1837.[3]

El Dr. Santiago Deblin, fué el médico jefe de la expedición libertadora del Perú de 1817.

Los cirujanos de la escuadrilla de Lord Cochrane que actua-

  1. El cirujáno Zapata, fué quien, en 1810, dió un informe médico-legal en favor del doctor don Bernardo Vera y Pintado, autor del primer himno nacional, evitando así que fuera desterrado. En 1813, tomó parte en el conato revolucionario, en Santa Rosa de los Andes, por lo cual fué condenado á muerte é indultado, siendo trasladado en calidad de médico al presidio de Juan Fernández.
  2. Los Cox en Chile, por don Nathan Miers Cox.—Sant. 1904.
  3. Informe médico-legal sobre la muerte del Ministro don Diego Portales: (*)

    Al señor Gobernador local de Valparaíso:

    En conformidad con los deseos de V. S. procedí el 7 del corriente á la autopsia del cadáver del señor Ministro Don Diego Portales. Hice el examen anatómico con la más escrupulosa atención y voy á exponer aquí el resultado de mis observaciones:

    Desde que se pone la vista en el cadáver se siente el alma penetrada de horror por el aspecto de la más horrible laceración: toda la superficie exterior del tronco está cubierta de heridas; las hay en la cara, el pecho y el vientre: he contado hasta treinta y cinco, fuera de algunas contusiones superficiales. Varían en extensión y gravedad; dos fueron hechas con armas de fuego: la mayor parte por bayonetas; y algunas me han parecido estocadas.

    La cara ha recibido un solo balazo, que debe haberse disparado á boca de jarro, pues el cutis, sobre todo el del lado izquierdo, aparece quemado por la explosión de la pólvora. La bala, hiriendo la quijada inferior en la parte dentaria, la rompió en astillas, trituró los dientes, arrancó casi todo el labio, destruyó el ángulo labial derecho, y aún una parte del carrillo correspondiente.

    El segundo balazo, penetrando por la parte posterior del tronco, dentro del hueso escapular derecho, fué á salir por la parte interna de la articulación scápulo-humeral del mismo lado, dos pulgadas bajo la clavícula: el plomo en su tránsito despedazó la porción posterior del pulmón derecho y rompió tres costillas.

    El dedo anular de la mano izquierda fué también hecho astillas por una arma de fuego; pero presumo que este efecto fué producido por el mismo golpe que desfiguró el semblante. Cediendo á un movimiento instintivo de conservación, la víctima quiso talvez apartar la boca del instrumento mortal que iba á herirla; pero más pronta que sus esfuerzos, la explosión se opera, y la bala da en el dedo al mismo tiempo que en las otras