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La epidemia de escarlatina, de 1831 y 32, invadió cruelmente á Valparaíso y pasó á Santiago, dejando 3705 cadáveres en el primer año y 3013 en el segundo. La municipalidad de ambas ciudades hizo cuanto pudo para combatir esta enfermedad. El 25 de Febrero de 1832, se publicó por bando una serie de medidas encaminadas á este fin.[1]

La epidemia de membrana, difteria, que se hizo endémica en Mendoza, hasta hace pocos años, en sus recrecimientos repercutía, en Chile, con mortíferos caracteres.[2]

Mientras duró el pánico se puso en vijencia análoga reglamentación á la de la antigua ordenanza del alcalde Errázuriz, aprobada por el Cabildo en 27 de Febrero de 1781, y de acuerdo con las reales órdenes de 6 de Octubre de 1751, 23 de Junio de 1752 y 28 de Febrero de 1763, sobre la obligación, de los médicos, de dar cuenta de la enfermedad contagiosa, á fin de quemar los objetos contagiados.

Los temores por la erisipela gangrenosa, cundieron, de igual manera, hasta producir alarma.

    docenas de sanguijuelas pidigüines, cada seis horas por dos ó tres ocasiones, con alternación de los vomitivos, cada dos horas. [Inf. del Protomedicato.—4 de Junio de 1836.

  1. Bando del Gobernador Local del Departamento de Santiago don José de la Cavareda, publicado el 25 de Febrero de 1832 ordenando las medidas higiénicas que deben tomarse á fin de evitar la propagación de la escarlatina.—Sin designaciones.—Folio, una hoja.
  2. En el antiguo Arch. del M. del I.—Vol. 1096.—M. S. de la B. N.—se encuentran á este respecto las notas siguientes:

     Exmo. Sor:

    El Administrador de la Renta de Correos hace presente á V. E. que acaba de tener noticias por personas de crédito, que en Mendoza se propaga una epidemia de membrana acompañada de erisipela negra, que dá muerte á cuantos toca. El Admor. cree un deber informarlo á V. E. para que se tomen las precauciones convenientes que eviten la trascendencia á nuestro Pais, sin escluirse las cartas que al instante de recibirlas podrá aplicárseles el antídoto que dicten los profesores de Medicina.

    El Admor. sería responsable por la menor omisión como laudable el zelo de V. E. tan interesado en el bien del pais.

    Se me ha asegurado igualmente que los Prisioneros Carrerinos en número de 300 con el oficial Benavente se preparaban á pasar de esta parte de la Cordillera: V. E. sobre todo tomará las providencias que estime oportunas,

    Dios Ntro. Sor. güe la muy importante vida de V. E. ms as pa bien del Estado.—Santo, y Dizve 22 de 1821.=Franco. Prat.—Al Exmo. Sr. Supmo. Director de la República de Chile.

    Santo. Dichre. 24 de 1821—Prevéngase al Inte. Gobdor de los Andes que si pasan la Cordillera, prisioneros de guerra remitidos por el Gobernador de Mendoza, los haga detener en la guardia, y de cuenta para proveer lo que convenga sobre evitar la propagación del contagio de la membrana. Oficíese lo acordado al Gobernador de Mendoza.—O'Higgins.—Chavarria.