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En La Verdad en Campaña, se lee el siguiente caso raro sucedido á una india pehuenche en la plaza de Valdivia: «Una india de mi servicio, llamada Francisca, bautizada de párvulo en las correrías que hacían por la tierra de indios los reguladores de la Compañía, siendo misioneros de este reino, de edad á parecer de treinta años, adoleció á fines de Junio del año pasado de 1781, con varios síntomas del accidente epidémico que tanto daño ha causado en muchos pueblos, y á proporción en éste ha sido mayor, por haber muerto de él, entre españoles, mestizos é indios de ambos sexos, más de seiscientos en ésta jurisdicción.

Con recelo del contajio, se puso á curar en rancho estramuros, con la más caritativa asistencia. Resultóle en una pierna una inflamación que le ocasionaba fuertes dolores. Se le aplicaron cocimientos cálidos y le ocasionaron una gangrena interior, que no manifestándose en llaga, le corrompió la pierna, poniéndola como un carbón, y subiéndole hasta el muslo, se tuvo por incurable. Clamaba la india le cortasen la pierna; no lo tuvo el médico cirujano del presidio por conveniente, hallándolo inoficioso, y recelando de la operación, ó que la paciente no la sufriría, ó que moriría muy pronto, se descuidaron con la enferma sus asistentes, y alcanzando entonces ella un cuchillejo, se separó por la coyuntura la pierna dañada y la arrojó como una bota, sentóse en su camilla, y gritó muy alegre á los que la asistían que a estaba buena. Viendo el hecho, y espantados de la barbaridad, dieron parte á sus amos. Súpolo el gobernador de la plaza, y pasó personalmente conmigo y otros sujetos á reconocer una acción digna de testimoniarse. Concurrió un religioso enfermero del real hospital de San Juan de Dios, que suplía las ausencias del médico; reconoció la cortadura, y halló el muslo desinflamado y que por la parte desinflamada había indicantes del cáncer, pero no salía sangre alguna ni del corte ni de la arterias; aplicóle algunos específicos y dió esperanzas de que, contraída la carne corructa, si se descubrían las arterias, podía escapar la vida.

No obstante varias diligencias científicas y físicas, falleció la india, á los quince días, de resultas, no de la mutilación, de aquel miembro, sino del cáncer interior que le había originado la epidemia en el escorbuto de la sangre, que á esto se reducía el contagio.» [1]

La cirugía de los indios, agrega Martinez de Bernabé [2] «no

  1. La Verdad en Campaña. Ob. cit., párrafo LXXI sobre un «Hecho raro de una india pehuenche en Valdivia.»
  2. Ob cit., párrafo LXVIII de la «Naturaleza de los indios en general».