—¿Y vos qué sabés?
Rivet, al trote y salivando, se lanzó entonces en insultos del mismo jaez contra don Juan, quien lo siguió obstinadamente con los ojos. Al fin resopló, apartando de nuevo la vista:
—Francés del diablo...
La situación, sin embargo, se volvía intolerable. La mirada de don Juan, fija desde hacía rato en la lámpara, cayó por fin de costado sobre su socio:
—Vos que sabes de todo, industrial... Se puede tomar el alcohol carburado?
¡Alcohol! La sola palabra sofocó, como un soplo de fuego, la irritación de Rivet. Tartamudeó, contemplando la lámpara:
—¿Carburado?... Tzsh!... Porquería... Benzinas... Piridinas... Tzsh!... Se puede tomar.
No bastó más. Los socios encendieron una vela, vertieron en la damajuana el alcohol con el mismo pestilente embudo, y ambos volvieron a la vida.
El alcohol carburado no es una bebida para seres humanos. Cuando hubieron vaciado la