daron a fomentar la opinión que sobre Orgaz se creaba.
Bouix es un francés que durante treinta años vivió en el país considerándolo suyo, y cuyos animales vagaban libres devastando las míseras plantaciones de los vecinos. La ternera menos hábil de las hordas de Bouix era ya bastante astuta para cabecear horas enteras entre los hilos del alambrado, hasta aflojarlos. Entonces no se conocía allá el alambre de púa. Pero cuando se lo conoció, quedaron los burritos de Bouix, que se echaban bajo el último alambre, y allí bailaban de costado hasta pasar del otro lado. Nadie se quejaba: Bouix era el juez de paz de San Ignacio.
Cuando Orgaz llegó allá, Bouix no era más juez. Pero sus burritos lo ignoraban, y proseguían trotando por los caminos al atardecer, en busca de una plantación tierna que examinaban por sobre los alambres con los belfos trémulos y las orejas paradas.
Al llegarle su turno de devastación, Orgaz soportó pacientemente; estiró algunos alambres, y se levantó algunas noches a correr desnudo por