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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/120

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Horacio Quiroga

el rocío a los burritos que entraban hasta en su carpa. Fué, por fin, a quejarse a Bouix, el cual llamó afanoso a todos sus hijos para recomendarles que cuidaran a los burros que iban a molestar al ""pobrecito señor Orgaz"". Los burritos continuaron libres, y Orgaz tornó un par de veces a ver al francés cazurro, que se lamentó y llamó de nuevo a palmadas a todos sus hijos, con el resultado anterior.

Orgaz puso entonces un letrero en el camino real, que decía:

¡Ojo! Los pastos de este potrero están envenenados.

Y por diez días descansó. Pero a la noche subsiguiente tornaba a oír el pasito sigiloso de los burros que ascendían la meseta, y un poco más tarde oyó el rac-rac de las hojas de sus palmeras arrancadas. Orgaz perdió la paciencia, y sialiendo desnudo fusiló al primer burro que halló por delante.

Con un muchacho mandó al día siguiente avisar a Bouix que en su casa había amanecido

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