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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/124

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Horacio Quiroga

hallazgo, y el hombre reemplazó entonces todos los innobles remiendos de portland y aserrínmaché, por su negro cemento.

Cuantas personas iban a la oficina o pasaban en dirección al puerto nuevo, estaban seguras de ver al funcionario sobre el techo. En pos de cada compostura, Orgaz esperaba una nueva lluvia, y sin muchas ilusiones entraba a observar su eficacia. Las viejas claraboyas se comportaban bien; pero nuevas grietas se habían abierto, que goteaban —naturalmente— en el nuevo lugar donde Orgaz había puesto su cama.

Y en esta lucha constante entre la pobreza de recursos y un hombre que quería a toda costa conquistar al más viejo ideal de la esipecie humana: un techo que lo resguarde del agua, fué sorprendido Orgaz por donde más había pecado.

***

Las horas de oficina de Orgaz eran de siete a once. Ya hemos visto cómo atendía en general sus funciones. Cuando el jefe del Registro Civil.

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