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Horacio Quiroga
Un mediodía de fuego estábamos con Orgaz sobre el techo de su casa; y mientras aquél introducía entre las tablillas de incienso pesados rollos de arpillera y bleck, me contó esta historia.
No hizo comentario alguno al concluirla. Com los nuevos años transcurridos desde entonces, yo ignoro qué había en aquel momento en las páginas de su Registro Civil, y en su en su lata de galletitas. Pero en pos de la satisfacción ofrecida aquella noche a Orgaz, no hubiera yo querido por nada ser el inspector de esos libros.
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