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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/159

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Los destiladores de naranja

El hombre apareció un mediodía, sin que se sepa cómo ni por dónde. Fué visto en todos los boliches de Iviraromí, bebiendo como no se había visto beber a nadie, si se exceptúan Rivet y Juan Brown. Vestía bombachas de soldado paraguayo, zapatillas sin medias y una mugrienta boina blanca terciada sobre el ojo. Fuera de beber, el hombre no hizo otra cosa que cantar alabanzas a su bastón—un nudoso palo sin cáscara,—que ofrecía a todos los peones para que trataran de romperlo. Uno tras otro los peones probaron sobre las baldosas de piedra el bastón milagroso que, en efecto, resistía a todos los golpes. Su dueño, recostado de espaldas al mostrador y cruzado de piernas, sonreía satisfecho.

Al día siguiente el hombre fué visto a la misma hora y en los mismos boliches, con su

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