punto que las galerías de sus chalets de alto tenían cincuenta centímetros de luz, y por las puertas apenas podía entrar un perro. Pero el negro satisfacía así sus aspiraciones de arte, sordo a las bromas de siempre.
Tal artista no era el ayudante por dos mandiocas que precisaba el manco. Malaquías dió vueltas al tambor una mañana entera sin decir una palabra, pero a la tarde no volvió. Y a la mañana siguiente estaba otra vez instalado observando tras el árbol.
Resumamos esta fase: El manco obtuvo muestras de aceite esencial de naranja dulce y agria, que logró remitir a Buenos Aires. De aquí le informaron que su esencia no podía competir con la similar importada, a causa de la alta temperatura a que se la había obtenido. Que sólo con nuevas muestras por presión podrían entenderse con él, vistas las deficiencias de la destilación, etc., etc.
El manco no se desanimó por esto.
—¡Pero es lo que yo decía!—nos contaba a todas alegremente, cogiéndose el muñón tras la