"Enciclopedie" no podía olvidar lo que ambos ex hombres fueran un día. Cuantas chanzas (¡y cuán duras en aquellos analfabetos de rapiña!) se hicieron al manco sobre sus dos ex hombres, lo hallaron siempre de pie.
—La caña los perdió—respondía con seriedad sacudiendo la cabeza.—Pero saben mucho...
Debemos mencionar aquí un incidente que no facilitó el respeto local hacia el ilustre médico.
En los primeros días de su presencia en Iviraromí, un votino había llegado hasta el mostrador del boliche a rogarle un remedio para su mujer que sufría de tal y cual cosa. Else lo oyó con suma atención, y volviéndose al cuadernillo de estraza sobre el mostrador, comenzó a recetar con mano terriblemente pesada. La pluma se rompía. Else se echó a reír, más pesadamente aún, y estrujó el papel, sin que se le pudiera obtener una palabra más.
—¡Yo no entiendo de esto!—repetía tan sólo.
El manco fué algo más feliz cuando acompañándolo esa misma siesta hasta el Horqueta, bajo un cielo blanco de calor, lo consultó sobre