Ir al contenido

Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/184

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
Horacio Quiroga

pesado leño: La bestia, adivinando el peligro, se había ya ocultado.

Por los flancos del ex sabio, por atrás, hincábanse en sus bombachas cosas que trepaban.

Pero el hombre, con los ojos fuera de las órbitas, no veía sino la puerta y los hocicos fatales.

Un instante, el hombre creyó distinguir entre el crepitar de la lluvia, un ruido más sordo y nítido. De golpe la monstruosa rata surgió en la puerta, se detuvo un momento a mirarlo, y avanzó por fin contra él. Else, enloquecido de terror, lanzó hacia ella el leño con todas sus fuerzas.

Ante el grito que lo sucedió, el médico volvió bruscamente en sí, como si el vertiginoso telón de monstruos se hubiera aniquilado con el golpe en el más atroz silencio. Pero lo que yacía aniquilado a sus pies no era la rata asesina, sino su hija.

Sensación de agua helada, escalofrío de toda la médula; nada de esto alcanza a dar la impresión de un espectáculo de semejante naturaleza. El padre tuvo un resto de fuerza para

180