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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/19

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El regreso de Anaconda

animales. El hombre ha sido, es y será el más cruel enemigo de la selva.

—...Cegando, pues, el río—concluyó Anaconda después de exponer largamente su plan,—los hombres no podrán más llegar hasta aquí.

—¿Pero las lluvias necesarias?—objetaron las ratas de agua, que no podían ocultar sus dudas.—¡No sabemos si van a venir!

—¡Vendrán! Y antes de lo que imaginan. Yo lo sé!

—Ella lo sabe—confirmaron las víboras.— Ella ha vivido entre los hombres. Ella los conoce.

—Sí, los conozco. Y sé que un solo camalote, uno solo, arrastra a la deriva de una gran creciente, la tumba de un hombre.

—¡Ya lo creo!—sonrieron suavemente las víboras.—Tal vez de dos...

—O de cinco...—bostezó un viejo tigre desde el fondo de sus ijares.—Pero dime—se desperezó directamente hacia Anaconda: —¿Estás segura de que los camalotes alcanzarán a cegar el río? Lo pregunto por preguntar.

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