Ir al contenido

Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/22

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
Horacio Quiroga

ha agriado en la selva toda exposición de méritos.—Nadie tiene miedo a nadie, ya lo sabemos... Y los admirables tucanes vendrán, pues, a informarnos del tiempo que reine en la cuenca aliada.

—Lo haremos así porque nos gusta; pero nadie nos obliga a hacerlo—tornaron los tucanes.

De continuar así, el plan de lucha iba a ser muy pronto olvidado, y Anaconda lo comprendió.

—¡Hermanos!—se irguió con vibrante silbido.—Estamos perdiendo el tiempo estérilmente. Todos somos iguales, pero juntos. Cada uno de nosotros, de por sí, no vale gran cosa. Aliados, somos toda la zona tropical. ¡Lancémosla contra el hombre, hermanos! ¡El todo lo destruye! ¡Nada hay que no corte y ensucie! ¡Echemos por el río nuestra zona entera, con sus lluvias, su fauna, su, camalotes, sus fiebres y sus víboras! ¡Lancemos el bosque por el río, hasta cegarlo! ¡Arranquémonos todos, desarraiguémonos a muerte, si es preciso, pero lancemos el trópico aguas abajo!

18