Ir al contenido

Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/35

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
El regreso de Anaconda

cuenta a alguna de Vds... Y no quedó contenta. ¡Cuidado tú misma, hermosa yarará! Y ahora, mucho ojo... ¡Y feliz viaje!

Tampoco esta vez Anaconda sentíase satisfecha. ¿Por qué había procedido así? ¿Qué le ligaba ni podía ligar jamás a ese hombre—un desgraciado mensú, a todas luces,—que agonizaba con la garganta abierta?

El día clareaba ya.

—¡Bah!—murmuró por fin el gran boa, contemplando por última vez al herido.—Ni vale la pena que me moleste por ese sujeto... Es un pobre individuo, como todos los otros, a quien queda apenas una hora de vida...

Y con una desdeñosa sacudida de cola, fué a arrollarse en el centro de su isla flotante.

Pero en todo el día sus ojos no dejaron un instante de vigilar los camalotes.

Apenas entrada la noche, altos conos de hormigas que derivaban sostenidas por los millones de hormigas ahogadas en la base, se aproximaron al embalsado.

—Somos las hormigas, Anaconda—dijeron,—

31