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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/36

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Horacio Quiroga

y venimos a hacerte un reproche. Ese hombre que está sobre la paja es un enemigo nuestro. Nosotros no lo vemos, pero las víboras saben que está allí. Ellas lo han visto, y el hombre está durmiendo bajo el techo. Mátalo, Anaconda.

—No, hermanas. Vayan tranquilas.

—Haces mal, Anaconda. Deja entonces que las víboras lo maten.

—Tampoco. ¿Conocen Vds. las leyes de las crecidas? Este embalsado es mío, y yo estoy en él. Paz, hormigas.

—Pero es que las víboras lo han contado a todos... Dicen que te has vendido a los hombres... No te enojes, Anaconda.

—¿Y quiénes lo creen?

—Nadie, es cierto... Sólo los tigres no están contentos.

—¡Ah!... ¿Y por qué no vienen ellos a decírmelo?

—No lo sabemos, Anaconda.

—Yo sí lo sé. Bien, hermanitas: Apártense tranquilas, y cuiden de no ahogarse todas, porque harán pronto mucha falta. No teman nada

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